José Antonio García Neblina celebra ante cientos de fieles en la casa del peregrino la tradicional misa de este importante domingo para la fe cristiana.
POR:LUPITA GUERRERO PAZOS
DOMINGO 14 DE ABRIl del 2019/ JALACINGO, VER.
Como es tradición en el santuario de Padre Jesús de Jalacingo, se celebró el domingo de ramos, este año inició con un recorrido desde la comunidad del ranchito para llegar a lo que es la «casa del peregrino» en la cabecera municipal de este municipio. Este año tuvo una singularidad de llevar la imagen de Jesús montado sobre un asno que recordó la entrada triunfal de Jesús a la ciudad de Jerusalén.
En este acto la imagen de Jesús montado sobre un burro (asno), estuvo acompañada por un número importante de peregrinos; donde el padre José Antonio García Neblina, párroco del santuario de Jalacingo, se mostró contento en su caminar. Al llegar los palmos y los ramos, lo esperaban en la casa del peregrino. donde también había un nutrido número de gente esperando la tradicional misa, de este importante domingo para iglesia católica y un significado espiritual para la eucaristía.
Porqué celebramos este día tan importante? A decir del padre José Antonio García Neblina, este día es importante para la historia cristiana, es un acontecimiento que recuerda los días antes de la crucifixión de Jesucristo y marca el inicio de la semana santa. y lo encontramos en los relatos bíblicos en Juan 12:1, 12). (Mateo 21:1-17; Marcos 11:1-11; Lucas 19:29-40; Juan 12:12-19) y (Marcos 11:17).
Algunos datos importantes bíblicos.
El propósito de Jesús al desplazarse hacia Jerusalén era
hacer pública su declaración de ser su Mesías y el Rey de Israel, en
cumplimiento a la profecía del Antiguo Testamento. Mateo dice que el rey que
viene sobre un asno fue un cumplimiento exacto de Zacarías 9:9,
“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí
tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno,
sobre un pollino hijo de asna». Jesús iba en un asno hacia su ciudad
capital, como un rey victorioso y es aclamado por el pueblo como era la
costumbre. Las calles de Jerusalén, la ciudad real, están abiertas a Él, y como
un rey que sube a su palacio, no un palacio temporal sino el palacio espiritual
que es el templo, porque su reino es un reino espiritual, Él recibe la alabanza
y la adoración de la gente, porque sólo Él se lo merece. El colocar los mantos
fue un acto de homenaje a la realeza (ver 2 Reyes 9:13).
Jesús estaba declarando abiertamente a la gente que Él era su Rey y el Mesías
que habían estado esperando.
Desafortunadamente, la alabanza que el pueblo derramó sobre Jesús no fue porque
le reconocieron como el Salvador de su pecado. Ellos le dieron la bienvenida
como el resultado de su deseo de tener un libertador mesiánico, alguien que los
llevaría a una rebelión en contra de Roma. Hubo muchos que a pesar de no creer
en Cristo como el Salvador, no obstante, pensaron que quizás Jesús podría ser
un gran libertador temporal para ellos. Estos son los que lo aplaudieron como
rey con sus muchas hosannas, reconociéndolo como el hijo de David, que venía en
el nombre del Señor. Pero cuando Jesús no cumplió sus expectativas, cuando Él
se negó liderarlos en una rebelión masiva contra los ocupantes romanos, la
muchedumbre rápidamente se puso en contra de Él. En solo pocos días, sus
hosannas cambiarían a gritos de «¡Crucifícalo!» (Lucas 23:20-21).
Quienes lo aplaudieron como héroe, pronto lo rechazarían y abandonarían.
La historia de la entrada triunfal está llena de contrastes, y esos contrastes
tienen aplicaciones para los creyentes. Es la historia del rey que vino como un
siervo humilde en un asno, no presumiendo en un corcel, no en vestiduras
reales, sino con la ropa de los pobres y los humildes. Jesucristo no viene a
conquistar a la fuerza como los reyes de la tierra, sino a conquistar con amor,
gracia, misericordia, y su propio sacrificio en favor de su pueblo. Su reino no
es de ejércitos y de esplendor, sino de humildad y servicio. Él no conquista
las naciones, sino los corazones y las mentes. Su mensaje es de paz con Dios,
no de una paz temporal. Si Jesús ha hecho una entrada triunfal en nuestros
corazones, Él reina ahí en paz y amor. Como sus seguidores, exhibimos las
mismas cualidades y el mundo ve el verdadero rey triunfante viviendo y reinando
en nosotros.





















